Día a día un poco más nublada y oscura, se me entumece el espíritu y se me ofusca la vida.
Dejo de ver en su pasar las cosas que más me animan y no logro comprender como es que en tanto tiempo la rutina vuela y me cambia la perspectiva. Mas que he de hacer si no soy capaz de comprender explícitamente en lo que encuentro a mí alrededor, ni puedo confrontar lo que veo más allá de la realidad que me circunda.
No soy distinto del que llegó, pero hoy tampoco me entiendo de la misma manera. Veo en mi mismo cosas que no pensé fueran tan simples o complejas y me aterro con la idea de que todo lo que puedo conocer es demasiado poco para poder ser en cualquier forma real. Veo en mi mismo mi desilusión, e ilusión que yo mismo quiero y me encantaría tener, mas mi terminante racionalidad escupe a mi idealismo, a mis sueños; “No!”.
Tal vez no sea yo el mismo que viajó tanto y tan poco, aquél a quién no le importaba más que conocer y hacerse entender con las palabras del quizá sentido vacuo que aquél yo mismo escribía o emitía oralmente, aquellas que quizá solo cobraban sentido cuando se las comparaba con lo propio cada vez que se las leía, o comprendía.
Deben ser los años o el exceso de pensamiento lo que me lleva a replantearme mi antiguo accionar, todo lo que consideraba que me hacia como soy, los pequeños pedazos de mi ser que todos juntos hacían mi identidad. Ya no son esas noches tan iluminadas “lunadamente” lo que me representa, ni esas noches turbulentas entre amigos o en soledad, o las otras noches o los otros días, que tan solitariamente pasaba sólo con la intención y el anhelo de poder reconfortar la ilusión misma que me movía para ser, y hacer lo que luego vendría.
Son las ganas de volver a empezar las que me vuelven loco, las de esforzarme por encontrar aquella cosa rara de la que aún no escribo lo suficiente. La incertidumbre es inminente; lo sé, y no puedo hacer nada para evitarla, quisiera poder mirar hacia el frente como en el pasado teniendo un rumbo fijo y dándome cuenta de que no estoy tan errado hoy como creo. Que sólo son pequeños desvíos minúsculos y que al final el norte existe, lo conozco y voy hacia allá sin duda.
Temo que no sea temporal lo que quizá he perdido, y que mis sueños sean imposibles de conjurar, pero aun me asusta más la idea de no recobrar el anhelo perdido y quedarme estático sin nada para lograr.
No soy de temerle a muchas cosas, no me acobardo con facilidad; pero últimamente me cuesta más de lo normal encontrar razones para pelear. Cada vez las noches lunadas se ven más lejanas y con ello los sentires que las solían acompañar, las campanas ya no suenan como antes ni la sonrisa en mi cara se ve desfilar; al yo mirar a aquél espejo al que quizá, suelo visitar.
Quizá curiosamente, me he vuelto más sensible o vulnerable con ella tal vez, o hasta es posible que el tiempo sólo haya logrado endurecerme, y entonces esta especie de sentimiento raro me sacó de mí mismo. Quizá deba yo mismo sólo endurecerme. Pero sin estar seguro de casi nada solo puedo decir que lo que he vivido es como la vida actual con la diferencia abismal que la perspectiva obtusa o la ingenuidad nos otorga de la vida y de las posibilidades de accionar, que tendremos en este tormentoso navegar al que llamamos vida. El escepticismo de que creía creer lo que creía deberá de ser una especie de golpe, que quizá estoy seguro, necesito para ya reaccionar.
Cya, …
